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Casa serrana y su chimenea encestada.

FOTOChimenea con su

Chimenea con su

Escritores como Baroja y Unamuno han destacado esta llamativa chimenea cónica

La imagen más clásica de la Sierra

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Por Belén Baltasar Marrón y Juan Heras Perera (Arquitectos por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid de la Universidad Politécnica). El clima en la Sierra de la Demanda se encuentra condicionado por la elevada altitud media y por el amurallamiento que suponen el Sistema Ibérico por el este y la cordillera Cantábrica por el norte. Así pues, encontramos un clima continental crudo, con inviernos prolongados (4 ó 5 meses con temperaturas inferiores a 6º C) y oscilaciones térmicas a lo largo del año de unos 17º C. El índice de precipitaciones es de unos 500 mm y éstas se concentran en primavera y otoño, quedando entre estaciones largos períodos de sequía. Los pueblos de la zona viven con el incesante ritmo de las riadas que llegan con el deshielo en las zonas más altas. La vida no tuvo que ser fácil antaño ante la rudeza del clima en estos lares de agricultores y ganaderos, y esto no hizo sino condicionar la evolución del hogar, la Casa Serrana y su chimenea. Como es habitual en la edilicia popular el respeto y uso de la naturaleza determinó el uso de los materiales empleados. La especie dominante en la Sierra de la Demanda es el roble melojo. Le siguen en importancia el haya, los enebros y los pinos.

El origen de la chimenea. El marcado carácter artesanal y el escaso ámbito geográfico en el que se encuentran estas endebles construcciones dejan clara la ausencia de documentación escrita de la Chimenea Encestada, elemento demasiado específico dentro de la arquitectura vernácula de Burgos. Por ello se desconocen realmente las raíces de la chimenea que, en cualquier caso, debemos entenderla dentro de la tradición de la construcción de las cabañas de ramas, paja y madera, como un modelo evolutivo. Podríamos asociarla a un modelo de cultura trashumante y del chozo extremeño. Tras la consulta de los archivos del ayuntamiento de Salas de los Infantes, hemos hallado testimonios catastrales del siglo XVIII en los que aparecen descripciones de la chimenea. Este carácter único que tan sólo se da en esta pequeña zona de España, ya quedó descrito por autores como Pío Baroja en ‘La Casa del Duende’: “Salas es pueblo serrano, de casas bajas, con las chimeneas muy grandes, hechas con trozos de teja, formando una eminencia cónica terminada por una caperuza de cuatro tablas, que en el país llaman la contera...”. Lo propio hizo Miguel de Unamuno en el libro ‘Paisajes del Alma’: ”... Allí, bajo la chimenea, el hogar, y junto a él los escaños en que, en mesillas de suba y baja, hacen por la pobre vida y la sueñan los sorianos pinariegos”.

Tipos de casas. En los pueblos de la Sierra de la Demanda encontramos una arquitectura popular construida con materiales autóctonos de la zona, piedra arenisca local de tonalidades doradas o rojizas, madera de pino y enebro, y la teja árabe casi marrón para la cubierta; precisamente con estos elementos contarán las gentes del lugar para construir también las singulares chimeneas, que caracterizan los tejados de ciertas tipologías de la Sierra. Hay cuatro tipos fundamentales de casa en la zona: la casa carretera, la casa señorial, la casa de entramado y la casa pinariega. Es precisamente esta última la que luce en su tejado las curiosas formas de nuestra chimenea. La Casa Serrana se puede definir como una casa pobre, de una sola planta, en la que a veces convivían hombres y animales separados por un estrecho tabique. Se solía construir con una piedra arenisca menuda unida con barro. A veces, puertas y ventanas llevan dinteles realizados con grandes piedras en las que se ponía una cruz, anagrama de Cristo (JHS) o una fecha. Como ya hemos comentado, se utilizaba mucho la madera de enebro por su gran resistencia a las inclemencias del tiempo. En el interior, los tabiques solían hacerse con una barda de pino o roble enfoscada de barro y luego enlucida. Las ventanas eran muy pequeñas para evitar el frío y estaban blanqueadas en sus bordes para reflejar más luz en su interior. Las casas suelen adosarse unas a otras sin variar la altura, con lo cual los tejados adquieren unas grandes dimensiones. Éstos se cubren con una teja árabe a la que la arcilla del lugar da un color rojizo característico especialmente en los atardeceres soleados. Ver estas chimeneas en las tierras de la Sierra de la Demanda es ver una instantánea del vivir y sentir de toda una población a lo largo de los siglos... Es una costumbrista imagen de la organización de la vida en torno al fuego, al hogar, al Megarón.

Descripción constructiva de la chimenea serrana. La vida se desarrolla especialmente alrededor del hogar, que está situado en la cocina. Este espacio se cubre con la enorme campana de la chimenea, de forma troncocónica abierta en su extremo superior de modo que deja salir el humo que ha de curar los jamones, y permite entrar la luz y el agua de lluvia. La chimenea se monta sobre un armazón de vigas de madera de roble con sus cuadrales. Es como un gran cesto de barda que se construye entretejiendo ramas de pino verde, recubierta de barro y encaladura. El hollín que se va depositando en su interior con el paso del tiempo resulta un eficaz protector contra el fuego. Para impermeabilizar este sistema se reviste exteriormente con trozos de teja colocados a modo de escamas. Las cañas que llegan a la abertura superior son enlazadas con un aro de madera sobre el que son apoyadas tres tablas que se rematan con un copete, también de madera, denominado ‘chipitel’. 1. Recolecta de vergas (ramas finas y flexibles) y de ramas gruesas de roble duro (de unos seis a nueve cm de diámetro). Éstas últimas serán las colondas (palos verticales). 2. Se monta la estructura de cuadrales a base de vigas y de pilares de roble. 3. Se levanta la estructura de la casa sin el plemento de cubierta. 4. Cesto: Se forma un aro con una rama gruesa de roble a la que previamente se le han hecho alrededor de 24 hendiduras. Ésta rama verde se empapa de agua para poder dar la curvatura. Posteriormente se juntan los dos extremos de la forma que indica el dibujo anexo con la ayuda de una punta. Se coloca sobre la estructura de cuadrales este aro. De ahí partirán las ramas de roble de cuatro metros de alto, colondas, que se entrelazarán con las finas de enebro en horizontal. Como coronación del cesto se encajan los montantes en otro aro, éste de sesenta cm. de diámetro, asegurándose la circularidad mediante el mismo método que en el aro de abajo. La adhesión del aro inferior del cesto se garantiza mediante puntas y una capa de barro. 5. Se aplica una primera capa de barro exterior al cesto, mezclado con paja o tomizas, procurando rellenar los huecos entre ramas. 6. Se da una capa de barro fino en el interior. Éste quedará poco a poco cubierto por el hollín. Anteriormente podremos haber aplicado cal. 7. Se construye la cubierta de la Casa Serrana permitiendo que la chimenea la atraviese. En la junta se pondrá otra rama de roble adherida tanto al cesto como a la cubierta con barro grueso. 8. En la parte de la chimenea que está por encima del tejado, aplicaremos una capa de espesor considerable de barro y mortero para así poder colocar el escamado de tejas rotas; éstas impermeabilizan la superficie exterior de la chimenea. 9. Tres tablas de pino apoyadas sobre el aro superior, los chipiteles, sustentan el copete y evitan que entre excesiva cantidad de agua. Éstos elementos suelen llevar decoración.

La cocina. La cocina de esta casa era donde se hacía la vida y al mismo tiempo servía de taller para labores de todo tipo. Era una habitación de planta rectangular a la que el tabique, o pantalla, daba una forma característica. Este paramento encuadraba el rincón más apacible de la casa. Aquí estaba la trinera, donde se dejaban habitualmente las tenazas de atizar la lumbre. También se ponía el candil de aceite o de petróleo para poder tener luz durante la noche. Pero antes de la llegada de los candiles se usaban las teas que se colocaban en la trinera. Ya que en el siglo pasado no tenían luz eléctrica, la cocina era hogar que caldeaba y daba ambiente, conservando el rescoldo de viejas creencias cuya llama avivaba la fantasía de nuestros mayores. Para que el fuego ardiera en el hogar, era necesario una corriente de aire; por esa razón la puerta de la cocina tenía que estar abierta y paralela a la puerta de la calle o perpendicular a ella según la posición del fogón. La pantalla cortaba la corriente del aire que se establecía entre la puerta de la cocina y la chimenea. 



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