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Los pleitos de Revilla del Campo con La Mesta

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Los pleitos de Revilla del Campo con el Honrado Concejo de La Mesta en el siglo XVII se substanciaron en varias ejecutorias.

A continuación transcribimos el texto sobre este tipo de escritos elaborado por el profesor Rafael Sánchez Domingo:

Ejecutoria dictada a petición de la villa de Revilla del Campo sobre pastos de 16 de abril de 1620.

La ejecutoria se dictó en virtud de pleito sustanciado entre las Tierras de la Jurisdicción de Lara contra el concejo de Revilla del Campo, próximo a Lara, aunque sin formar parte de su jurisdicción ni solar, pues la villa de Revilla del Campo era lugar de abadengo y solariego ya que pertenecía a la Abadesa del Real Monasterio de las Huelgas de Burgos, que tenía diez vasallos en el lugar y solariego del obispo de Burgos, quien tenía un vasallo en la villa, por lo que subyacía, en el pleito sustanciado, un conflicto de jurisdicciones entre los señores de la villa de Revilla del Campo y la Tierra de Lara y su Jurisdicción.

El objeto litigioso era el mismo sobre el que ya había recaído sentencia firme el 6 de junio de 1589. El interés principal sobre el que se sustanciaba la querella era la invasión de los ganados, el pasto y la poca suerte de las plantaciones de árboles frutales en el término que llamaban "la Silla de San Cristóbal", que se encontraba en la dehesa de Revilla:

"de inmemorial, según costumbre, de posesión y de hacer con todos sus ganados mayores y menores y llevarlos agua en todo tiempo, así de noche como de día y asestar y marzadear en todos los términos que llamaban "la silla de San Cristóbal" que está en el lugar de la dehesa de Revilla... ha perjudicado el cercado... y violara todo ello libremente, así en lo tocante a los exidos y pastos públicos como en las heredades  rompidas y de particulares de vecinos del dicho lugar en las quales como dejando un año de otro que a tercero año lo habían de sembrar y sembraron dejando el otro año vacío y sin sembrar en el término llamado El Cagigar".

La reivindicación de los habitantes de Revilla del Campo era que los vecinos de Lara no se arrogasen un derecho o costumbre inmemorial, pues este les pertenecía a ellos, consistente en llevar a abrevar sus ganados en todo momento de año y a cualquier hora de día o de noche, a términos pertenecientes a Revilla, puesto que sus vecinos, tal vez como medida disuasoria, habían plantado numerosos árboles frutales, al objeto de poder cerrar dichas heredades y diferenciarlas de aquellas que eran de las tierras de Lara, cuyos habitantes se empeñaban en llevar sus ganados a territorios que no les pertenecían a la vez que carecían de título legítimo para ello, por lo que los vecinos de Revilla del Campo adoptaron la determinación de prendar el ganado de la Tierra y Jurisdicción de Lara, estando prohibido el comiso de ganado:

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"sin que lo pudieran plantar, algunos no pudieron por ser la tierra montuosa y de muchos montes, y había muchos montes porque era toda ella tierra de siembra y de nuevo plantaron muchos árboles de dar fruta en las dichas heredades que estaban en las dichas tierras de Lara, pretendiéndola cerrar y tapiar todas alrededor e impedir del todo el pasto de los ganados de sus partes, rompiendo ansimesmo de nuevo muchos egidos públicos donde sus partes tenían el derecho de aprovechamiento en especial...

Trayendo sus partes sus ganados y haciendo en dicho término de la Tierra de Lara, en diversos días de dicho mes en continuación del dicho derecho adquirido del dicho inmemorial acto, por fuerza e en contra de su voluntad a mano animada y a manera de junta y asonada, favoreciendo el intrusismo y habían ido al dicho término y habían corrido y montado y habían sacado todo el ganado de sus partes que andaba paciendo en el dicho término e con la dicha fuerza los habían prendado y habían llevado prendados que en todos habían sido más de trescientas cabezas de ganado de cabras de veinte vacas... fueron arrancadas las plantas y la otra parte no deseaba que hubiera tapias al objeto que andasen libremente los ganados".

La ejecutoria recuerda que el 6 de junio de 1589 ya se había dictado sentencia definitiva sobre el mismo contencioso entre las mismas partes y por el mismo motivo, por lo que los vecinos de la Tierra y Jurisdicción de Lara habían hecho caso omiso del contenido de la misma y no la habían respetado, por lo que la ejecutoria de 16 de abril de 1620 volvía a dar la razón a los vecinos de Revilla del Campo, citando el memorial de términos de la jurisdicción de esta villa:

"El concexo e vecinos de Revilla del Campo... es el lugar de su tierra y tienen la posesión, derecho e costumbre de tiempo inmemorial que han tenido y tienen de pacer y pastar con todos sus ganados, que beben las aguas en todos sus términos, lo mismo que la dehesilla de San Cristóbal".

Terminaba la ejecutoria condenando a la Tierra y Jurisdicción de Lara que pasaran por todo lo contenido en el memorial, bajo pena de quinientos ducados.

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Ejecutoria otorgada a petición del Concejo de la villa de Lara y su Tierra contra el Concejo de la Mesta y Hermanda sobre pasto de ganados enfermos.

Desde tiempo inmemorial se reunieron los ganados de la Península Ibérica en hermandad para la defensa de sus rebaños como lo demuestra que uno de los más vetustos códigos españoles, el Fuero Juzgo de los visigodos atendía ampliamente las necesidades pastoriles de los trashumantes refundiéndose más tarde en una sola agrupación conocida con el nombre de "Concejo de la Mesta", al que ya se hace alusión como tal -Concejo de la Mesta de los pastores de mio reyno- en un privilegio otorgado por Alfonso X el Sabio, a favor del ganado en 1273. Posteriormente, Alfonso XI despachó otro según el cual otorgaba protección, guarda, encomienda y defendimiento a todos los ganados, dando origen a lo que se conocería como Cabaña General y Real Española.

Asimismo, los Reyes Católicos acrecentaron los favores a la Cabaña Real, a través de Real Cédula, fechada en Medina del Campo el 30 de abril de 1494 y confirmada por la Santa Sede y en su nombre, por los comisarios de la Cruzada y los obispos de Salamanca y Ávila, y donde se acordaba que pasarían a ser propiedad de la Mesta las reses mostrencas o sin dueño, allí donde se encontrasen; el de la posesión, por parte de los ganaderos, de aquellas dehesas y pastos que en el uso fuesen aprovechadas por los rebaños; su participación en las multas impuestas por infringir las leyes de sanidad pecuaria, las cuales habían de ser atendidas en especie, es decir, en ganado, por lo que recibió el nombre de "derecho de achaquería" y el de participación en las multas impuestas a los agricultores que roturasen las cañadas o cercaran las fincas. Durante el siglo XVI la dirección del Real Concejo de la Mesta estaba confiada a la nobleza, consiguiendo su máximo ascendiente durante el reinado de Carlos I, formando parte de la misma alrededor de 3.000 hermanos y llegando a alcanzar la cabaña de merino fino trashumante del orden de las 3.400.000 cabezas.

El Honrado Concejo de la Mesta pasó a convertirse en el organismo central encargado de la custodia y fomento de la ganadería y en 1568 la Mesta alcanzó la autonomía suficiente para nombrar sus propios oficiales dotados de competencia sancionadora, llegándose a penalizar, a tenor de las Ordenanzas del Real Concejo de la Mesta de 12 de enero de 1529, a través de los Alcaldes Entregadores, la irrupción de las reses por sembrados, pues estos se encontraban señalados con cuerdas, que indicaban las vías pecuarias por donde debía transitar el ganado. Su decadencia comenzó a finales del siglo XVI, acentuándose en la segunda mitad del siglo XVII, en base a las nuevas corrientes de liberalismo socio-económico, que sumados a una depreciación de la lana castellana en los mercados exteriores, hacían aconsejable el mejorar la agricultura, que estaba reñida con los privilegios de la Mesta, viéndose todo ello culminado con su desaparición en el año 1836.

Pero volvamos a la ejecutoria del año 1626 que nos ocupa. El pleito se había iniciado por un problema ante la jurisdicción ordinaria que se había suscitado con la Jurisdicción y Tierra de Lara con motivo de los ganados ajenos que no tenían dueño y que no se encontraban al cuidado de nadie, de manera que el Concejo de la Mesta solicitaba a los Presidentes y Oidores de la Chancillería de Valladolid mantuviera como dueños a quienes cuidaban dichos ganados. El Concejo de la Mesta, alegaba en el petitum la propiedad de dichas reses, rechazando los motivos del procurador de la Jurisdicción de Lara:

"ampara en derecho, justicia y Regimiento y Concexo en que a dicha sesión en que habían celado y estaban desde inmemorial tiempo de la dicha parte y ponerles silencio, condenando en costas y así lo debía mandar por lo general y favorable y defecto de tiempo y relación como en ella se contenía. E porque negaba que la dicha villa de Lara e lugares de su jurisdicción, ni los alcances, ordenamos della avían sido... ni sus ganados no avían sido jamás y ni el uso... y casi a real para que sus ganados ni los dellos de dichos vecinos particulares de la dicha villa nunca salían de los términos, ni en invierno ni en verano, ni jamás vayan ante mi, ni salían del término e de la dicha villa y su jurisdicción".

La razón se había otorgado en primera instancia al Concejo de la Mesta, pero la Jurisdicción y Tierra de Lara la recurrió, alegando que el Juez Entregador de la Mesta "les había contradicho y perturbado", de manera que a través de auto judicial, el Oidor había avisado a la Tierra de Lara "no usen maleficios de alcalde para oponerse al acuerdo, bajo pena de 6.000 mrs. que aplico a mi tercera parte...". En el recurso de súplica las partes eran, por un lado el Concejo y vecinos de la villa de Lara, lugares de su Tierra y Jurisdicción junto a Antonio de Perlince y por la otra, el Concejo de la Mesta y Hermanos de ella así como los guardas, junto a Juan Díaz González, su cuidador. La sentencia definitiva volvió a dar la razón al Real Concejo de la Mesta, fue pronunciada en Valladolid el 6 de diciembre de 1625 por el Licenciado Artieta, Alcalde Mayor Entregador del Concejo de la Mesta y la ejecutoria fue trasladada a los vecinos del Concejo y Jurisdicción de Lara y su Tierra con el mandato de respetar "los preceptos que de suso van yncorporados y la guardeis y cumplais y hagais y mandeis guardar, cumplir y executar y haced que sean llevados en todo lo que en ella contiene".


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