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El pueblo de Pinilla de los Barruecos se localiza de un paraje envidiable y realmente pintoresco.

La Villa de Pinilla de los Barruecos

Datos de Interés

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Transcribimos el texto sobre Pinilla de los Barruecos elaborado por el profesor Rafael Sánchez Domingo:

Buceando en la protohistoria, inferimos quienes fueron los primeros pobladores de estas tierras pinillienses, tratándose de tribus que se repartían el actual partido de Salas de los Infantes: pelendones, arévacos, turmogos. Los caristios y los várdulos parece que llegaron hasta Barbadillo de Herreros. En la época romana, a través de las viejas calzadas conocemos la vertebración política y geográfica del Imperio. Sin duda que fue Clunia, limítrofe con el territorio y el pueblo que ahora ocupa nuestra atención que ejerció gran atracción durante la dominación romana. Dos eran las calzadas más importantes: una que partiendo de Numancia llegaba a Salas, siguiendo después por Barbadillo del Mercado y Lara, hasta unirse en Deobrígula (Rabé de las Calzadas) con la general de Aquitania a Astorga; y otra en dirección casi contraria, pues partía de Clunia, pasaba por los Arauzos, Valle de Tabladillo (Silos), llegando por Carazo a Salas, desde donde se dirigía a La Rioja a través del Valle del Pedroso. Esta última tenía su bifurcación por Mamolar y Hacinas y quedaba muy cercana a Pinilla, pero no han quedado vestigios de esta calzada, aunque sí restos y varios objetos: mitad superior de la volandera de un molino circular de mano, fragmentos de cerámica, un posible fragmento de acrótera, varios fragmentos de hierro de hoja de espada, un mango cilíndrico de hueso que era un instrumento de labranza, etc.

Con las migraciones germanas, Pinilla, al igual que toda la región y la diócesis a la que estaba vinculada, debió sufrir las invasiones de los suevos durante la primera mitad del siglo V. Según la Crónica de Alfonso III, Alfonso I (739-757) realizó grandes trasiegos de población, conquistando treinta ciudades de la cuenca del Miño, de la del Duero y de la del alto Ebro, entre una línea norte (Tuy, Lugo, León, Amaya y Miranda de Ebro) y una línea sur (Viseo, Salamanca, Ávila, Segovia, Osma), de lo que algunos historiadores llegaron a aceptar la idea vulgarizada de que Alfonso I creó en la Cuenca del Duero un vasto territorio o "desierto estratégico" como defensa contra los musulmanes y lo que debemos considerar es que Alfonso I  no pudo llevar consigo a muchos pobladores cristianos de la vasta cuenca del Duero, pues la Crónica sólo se refiere a los cristianos de las treinta ciudades y villas que recorrió Alfonso I. 

La primera mención documental de Pinilla de los Barruecos se encuentra en la construcción de una fortaleza defensiva. Precisamente, bajo el reinado de Alfonso III (866-910), comenzó a extenderse la repoblación de la cuenca del Arlanza y a este efecto y siguiendo el camino de Castrojeriz, Muñó, Pampliega y vega del Covia hacia el Sur, se vieron las fortalezas de Tornadijo y Torrecilla del Monte, cuyas aguas van al Arlanza. Pero antes de 875 se defendió dicha cuenca, trazando a lo largo del río una línea de castillos, representado por Palenzuela, Torremoronta, Tordomar, Tordable, Torrecilla del Agua, Castrillo Solarana, Tordueles, Castroceniza y Covarrubias, la repoblación llegó también al alfoz de Lara, extendiéndose su jurisdicción hasta los pinares de Vinuesa, San Leonardo, Hontoria del Pinar, Espeja y Huerta del Rey y es entonces cuando se levantaron los castillos de Lara, Castrillo de la Reina, el de Pinilla de los Barruecos, Arauzo de Miel, Huerta del Rey y Espeja.

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Prácticamente, es la primera mención documental de Pinilla, la de la construcción de una fortaleza de defensa. Pero antes de finalizar el siglo X, se desarrollaron una serie de acontecimientos próximos a Pinilla, como fue la famosa batalla de Hacinas, mantenida antes del 950 y narrada en el Poema de Fernán González, cuando los moros llegaron en una aceifa hasta Burgos, siendo castigados por el conde en su retirada en el campo, al sur de Salas de los Infantes, que en recuerdo de los montones de cadáveres recibió desde entonces el nombre de Hacinas. La tradición afirma que igualmente el conde ganó otra batalla a los moros en Cascajares de la Sierra. A la época del conde Garcí Fernández se remonta el hecho histórico de la muerte de los Siete Infantes de Lara.

Pinilla estuvo administrada por el monasterio benedictino de San Pedro de Cardeña, próximo a Burgos. El 30 de octubre de 1137 enajena la villa a Silos, dato que conocemos a través de un documento custodiado en el archivo de la abadía de Santo Domingo de Silos. En otro documento de 9 de diciembre de 1171 consta Pinilla como, "unam vilam in alfoz de Lara, quod vocatur Pinella et est iuxta Karaço et Mont Molar". En este momento Pinilla aparece documentalmente con el significado de "peña pequeña" y el apellido "de los Barruecos" es una redundancia, pues "los barruecos" son los peñascos que emergen en el terreno. La villa pasó posteriormente a formar parte del señorío de Suero Froilez. El linaje Pinilla buscó ampliar sus intereses al sur, en el alfoz de Clunia y por ello se permutó Salgüero por heredades en Zayas de Torre, donde se inició un litigio entre Silos y algunos caballeros locales por los derechos del castillo, lo que demuestra que la transferencia del dominio regio íntegro por parte del monarca no obstaba para que existieran derechos señoriales en manos de otros personajes. Para dirimir la cuestión el abad de Silos, Don Martín, puso el caso en conocimiento de doña Berenguela, que tenía entonces su residencia en la ciudad de Toledo.

En 1145 Alfonso VII confirmaba a la villa de Lara un fuero del que se deduce la pujanza que había adquirido en esa fecha y su término comprendía por el sur, Jaramillo, Contreras, San Pedro de Arlanza, Cabezón de la Sierra hasta los Pinares, Pinilla de los Barruecos, Gete, Huerta del Rey, etc., pero paulatinamente los monasterios perdieron el favor real en beneficio de los concejos, instrumentos ciegos de la política centralizadora de los monarcas. En cuanto a la jerarquización espacial, se puede hablar de la importancia relativa de algunos núcleos, como Mamolar, al cual se vinculaban en el siglo XII dos villares y quizá también Pinilla de los Barruecos o la Gallega, centro de percepción de las rentas regias. En 1313, siendo abad de Silos Don Fernando, se vio obligado a ceder la administración y defensa de la villa de Pinilla a Don Diego Alfonso de Rojas.

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El primer término se encontraba comprendido entre Pinilla, la Gallega, Rabanera del Pinar y Cabezón de la Sierra siendo absorbido íntegramente por la Gallega, lugar perteneciente al abadengo de Arlanza y seguía en poder del monasterio de Arlanza en 1338, a tenor de los datos proporcionados por el Libro de Cuentas, aunque no figura en el Libro Becerro de las Behetrías. Por lo que respecta a Peña Aguda, se trata de un asentamiento en pleno valle alto del río Lobos, que en tiempos pudo haber contado con una torre defensiva semirrupestre. Pero al final, el poder señorial del monasterio de San Pedro de Arlanza se impuso en la zona, aunque en 1255 dos diplomas silenses, cuyo texto se ha perdido, dan noticia de un apeo de las posesiones de Silos y San Pedro de Arlanza en la Gallega y Pinilla, así como un acuerdo sobre términos y pastos entre ambos monasterios en el mismo sector, de lo que podría colegirse que en ese momento, tanto Silos como Arlanza se habrían repartido el poder señorial sobre el sector en dos franjas: para Silos la línea de Mamolar-Pinilla-Peñagua y para Arlanza el eje Cabezón-Salgüero-La Gallega. A pesar de todo destaca la omnipresencia del señorío regio en el siglo XII, puesto que todas las villas pasan del realengo al solariego durante este período, dominio que probablemente era simultáneo y subsidiario al ejercido sobre el alfoz por el señor de Lara, compatibles con la presencia de un nivel de señorío compartido, ejercido por linajes locales, como revela el caso de Pinilla de los Barruecos. El sector del río Ciruelos, el poblamiento actual, centrado en Mamolar, Pinilla, Cabezón, la Gallega y Moncalvillo, se configuró a partir de los siglos XIII-XIV, a través de un proceso que incluyó la despoblación de algunos núcleos menores como Peña Aguda, Salgüero, Quintanilla o Paúles. Gracias al favor de Alfonso VIII, el linaje Pinilla obtuvo el señorío de dos lugares próximos a Pinilla de los Barruecos: Salgüero y Peña Aguda.

Pero la sombra del influyente linaje de los Velasco planeaba sobre los pagos de Pinilla de los Barruecos. Su mayorazgo se había ido formando a base de acumular tierras de Lara y hacia el Sur. Estaban comprendidos en este los derechos señoriales que el abad de Silos le cedía sobre diez pueblos de la comarca a cambio de una gran finca "de pan llevar y cierta cantidad de numerario". Aunque esta permuta no fue reconocida posteriormente por el cenobio silense, que incluso pretendió invalidarla, sometiéndose para ello a largos procesos. Pues bien, la localidad de Pinilla de los Barruecos estaba comprendida entre estas villas y aldeas del mayorazgo del poderoso linaje de los Velasco y bajo el pretexto de protección y defensa, los Velasco ostentaban una hegemonía absoluta sobre los vasallos y colonos puestos por el monasterio, que incluso llegaba a descontar a los vecinos grandes tasaciones tanto en dinero como en víveres y se les empleaba para el transporte de materiales para la restauración de las fortalezas de Carazo, propiedad de los Velasco. Precisamente, el conde Gonzalo Salvadores, en la segunda mitad del siglo XI se había instalado definitivamente en la fortaleza de Carazo y recompuso torres y murallas, las torres de Carazo constituían aún un baluarte en 1414, tras haber sido restauradas por el Condestable Pedro Fernández de Velasco, que también era propietario de los baluartes de Salas de los Infantes y Carazo, de manera que aunque las aldeas fueran de dominio monástico, se encontraban eclipsadas por los actos de usurpación de la nobleza.

Bajo su reinado, Juan I (1379-1390) salió en defensa de la villa de Pinilla de los Barruecos al objeto de liberarla de la avidez y rapiña de los infanzones de la casa de Velasco, puesto que ante las reiteradas quejas de los vecinos de Pinilla y del abad del monasterio de Silos, el sucesor en el reino de Enrique Trastámara, Juan I promulgó un solemne documento el 23 de diciembre de 1380 en que ordenaba a Pedro Fernández de Velasco restituir al monasterio de Santo Domingo de Silos la villa de Pinilla de los Barruecos de que injustamente se había apoderado, bajo el pretexto de defenderla:

"a vos, Pero Fernández de Velasco, nuestro vasallo e nuestro camarero mayor, salut e gracia: Bien sabedes cómo en las Cortes que agora nos fezimos en Soria este año de la era desta carta, nos fue querellado e pedido por los perlados que conusco eran en las dichas Cortes, en nombre de los abades e priores... que algunos homes e cavalleros e escuderos atrevidamente, sin derecho, ocupavan e tomavan los lugares, aldeas e vasallos de los dichos monesterios e iglesias en nombre de encomienda, levando dellos dineros e pan e otras cosas, e faziéndoles servir por sus cuerpos, así en lavores de sus heredades, como de castiello e fortalezas que fazían... E nos, veyendo que nos pedían derecho... dimos por jueces para ello a Pero López de Ayala e Johan Martínez de Rojas, nuestros vasallos, e Alvar Martínez e Pero Fernández, dotores, oydores de nuestra obediencia, para que librasen segunt que lo fallasen por fuero e por derecho. Ante quales paresció don Johan, abat de Santo Domingo de Silos, e querellóseles diziendo que vos, Pero Ferández, que tenedes en encomienda, contra voluntad del dicho abad e del convento del dicho monesterio a Huerta del Rey e Tormiellos e Piniella".

A pesar de la voluntad regia, esta carta no surtió los resultados esperados, puesto que el linaje de los Velasco prosiguió cometiendo abusos en Pinilla de los Barruecos, aunque durante el siglo siguiente, tanto los Velasco como el monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos, que se disputaban la villa, se avinieron a un acuerdo, estipulándose en una de las cláusulas que los monjes de Silos renunciaran definitivamente a sus derechos.



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