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Monterrubio lleva en su apellido el nombre de la Sierra con todo merecimiento, pues atesora las más sublimes esencias de esta región.

Monterrubio de la Demanda. Adscripción al Estado de las Cinco Villas y Ordenanzas de 1622

Datos de Interés

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Transcribimos el texto sobre Monterrubio de la Demanda del que es autor el profesor de Historia del Derecho de la Universidad de Burgos, Dr. D. Rafael Sánchez Domingo:

Uno de los núcleos de la repoblación que se desarrolló durante los siglos altomedievales en el territorio castellano fue el de Monterrubio de la Demanda. Las peculiares condiciones geográficas de estos núcleos, con montañas, difíciles comunicaciones y espesos bosques así como su carácter fronterizo con la Sierra de Cameros, la Rioja y el reino de Navarra, influyeron decisivamente en el origen del estado de las Cinco Villas y en el carácter peculiar de este conjunto.

Puede que en su origen esta alfoz naciera debido al carácter valeroso de sus gentes o por mera voluntad condal al objeto de conseguir mayor cohesión política del territorio. La tradición indica que en Canales fijó el conde Fernán González su residencia durante algún tiempo. Según el Libro Becerro de las Behetrías, Monterrubio -monte ruyo-, "es lugar del rey e ellos e todas çinco villas e Valde Canales tienen en cabeça de martiniega e de yantar çinco mill maravedis, e destos maravedis tiene el dicho logar de Monte Ruvvio en la martiniega dozientos e sesenta maravedis e pagan de la yantar treynta e ocho maravedis. Pagan al rey serviçios e monedas e fonsadera".

La villa de Monterrubio estuvo agregada en señorío a la casa de los Ramírez de Arellano primero y al duque de Abrantes después, hasta finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

 

Las Ordenanzas de Monterrubio de la Demanda de 1622

Las Ordenanzas localizadas en el Archivo Municipal de la villa de Monterrubio de la Demanda datan de 1622, aunque de su estudio crítico colegimos son reflejo de las que regían en la villa al inicio de la Época Moderna, por lo que su valor normativo es valioso pues nos refleja el palpitar de la villa de la Sierra de la Demanda a través de unas normas medievales que se fueron depurando con el transcurso de los años y al albur de las necesidades que propiciaba la cotidianeidad del pueblo.

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Su esquema es clásico y se compone de cuarenta y cinco capítulos, en el primero de los cuales se determina que el día de San Juan Bautista debía procederse a la elección de los alcaldes, regidores, alcalde de la Santa Hermandad, alguacil y guardas de la villa, siendo incompatible el hecho de que se presentara a la elección juntamente un padre y su hijo, para lo cual debía llevarse un libro donde se registraran los resultados que arrojaran las votaciones. Las obligaciones de los regidores elegidos anualmente se recogen en los capítulos que regulan sus cometidos: cobrar y recibir las rentas del concejo, que se exaccionaban de propios y servir el cargo con diligencia, vigilar los cometidos de montaneros y mesegueros y asentar las penas.

 

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Las normas de carácter religioso se centraban en el rezo de letanías los lunes, martes y miércoles de cada semana, procesionar la cruz de la iglesia, acompañar la procesión, respetar la fiesta de San Pedro acudiendo a la ermita, así como las festividades de San Quirce y San Juan Bautista.

Predominan las normas de respeto al medio ambiente: bosques, sembrados, pastos, ríos, dehesa boyal -de Ranedo-, pagos sementeros -Ombría-, obligaciones de los mesegueros, cortar roble, haya, rama o acebo, respeto y cuidado de la fuente, respeto al monte y no prenderle fuego, no introducir rebaños en la dehesa, matar el río con cal o cualquier otra substancia, no dejar entrar a los cerdos a comer pan a los sembrados y turnos y calendario de pasto de los rebaños.

Las Ordenanzas de la villa de Monterrubio de la Demanda recogían obligaciones comunales, como era repartir entre los vecinos las heredades concejiles o guardar gratuitamente el toro del concejo, obligación anual que cada vecino debía cumplir, al igual que ir a moler, estando prohibido acudir a moler el domingo ni al molino del concejo ni al molino del cura.

Las normas punitivas alcanzan un nivel cuantitativo muy significativo, pues las Ordenanzas se configuran como un cuerpo de derecho penal, tipificándose los insultos, las palabras injuriosas, el desafío, derribar tocado a mujer, dar bofetón o palos, o hacer sangre a un hombre, usar armas en una pelea, hurtar, entrar en huerto o nabar ajeno, abrir cerradura de concejo o particulares, o entrar yeguas no domadas en dehesa boyal desde el 1º de abril hasta el día de San Andrés.

Las normas de índole civil se refieren a los requisitos para obtener la vecindad o desavecindarse, así como arrendamientos de bienes propios del concejo. Una curiosa norma discriminatoria consistía en el asiento que debían ocupar en la iglesia tanto hombres como mujeres, reglamentando la disposición los "señores de justicia". Finalmente existen Capítulos de Ordenanzas relativos a la compostura que debían respetar los regidores cuando se encontraban reunidos en concejo así como el cometido del escribano de tomar los acuerdos del concejo.



« Breve reseña histórica de Monterrubio

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