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Las Ordenanzas de Villagalijo de 1665

Datos de Interés

Las Ordenanzas de Villagalijo de 1665 se componen de un corpus de dieciséis ordenanzas o capítulos.

A continuación, transcribimos el texto del profesor Rafael Sánchez Domingo sobre estas Ordenanzas y las de Hornos de 1765.

Con ocasión de un pleito debido a la realización de apeos, han aparecido en un libro forrado en pergamino, las Ordenanzas de Villagalijo de 17 de septimebre de 1665. Se trata de un corpus de dieciséis capítulos de ordenanzas. Fueron redactadas por el concejo y regimiento de Villagalijo en consonancia con las normas de la Junta de San Vicente, agrupación de pueblos próximos que tenían intereses comunes de diversa índole. Estos lugares eran en esta fecha un conjunto más reducido de lo que fue el Valle de San Vicente que agrupaba otros cinco lugares más. En concreto, la Junta la formaban tan sólo San Vicente, Pradilla, Fresneda, Santa Olalla, Villagalijo, Espinosa, San Clemente y Ezquerra.

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En las ordenanzas se establecen principalmente los lugares comunes de pasto y tránsito entre los lugares próximos a Villagalijo. De esta forma, se concretan los términos de la Paúl de Santa Olalla, Camino Real, la Isla, el Royo de Maguillo, ría de San Miguel, el Barranco, Escargaña, Quebrantados, las praderas de la Salceda, Peña Aguda, Los Llanos y la Cuesta.

Es frecuente la remisión de las controversias suscitadas a los jueces, árbitros y amigables componedores de la Junta, quienes velaban porque los ganados pastaran en los términos, pagos y praderas comunales durante los plazos en que estuviera autorizado. El concejo de Villagalijo podía gozar de los prados comuneros desde el día de San Miguel hasta que se soltaran los pagos. Se otorgaba licencia a los vecinos para la siembra de legumbre, lino, nabos y cualquier otra semilla en diversos términos. Se establecían las penas a los dueños de los ganados menores si acaso infringían las licencias de los términos comuneros vedados, al igual que el uso de agua del río para regar los prados, ya que cada año se autorizaba la explotación de agua de un trecho del río para riego de las praderas.

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Las Ordenanzas de los Hornos de 1765

Todos los grupos rurales estaban implicados, en mayor o menor medida en la Castilla medieval en la actividad agrícola, lo que incidía notablemente en su actividad económica. Los aprovechamientos comunales en las tradicionales demarcaciones supralocales era una constante, en la que incidían varios factores como el uso comunal del molino. Aunque la producción normativa de las Ordenanzas como fuente de derecho es muy temprana, prácticamente tan antigua como los propios concejos, pues a través de los concejos populares y las asambleas generales su aprobación era constante al objeto de regular distintas actividades y comportamientos de la comunidad.

En el Archivo municipal de Villagalijo se han localizado las Ordenanazas de los Hornos de 22 de enero de 1763. Se trata de un breve corpus ordenancístico muy peculiar, porque en ningún archivo local de la Sierra ni de la Tierra de Pinares hemos hallado otro corpus de similar contenido, de lo que colegimos que en el alfoz de Pedroso y desde la alta Edad Media se regulaba una práctica de "mancomunidad" o "hermandad" entre varias localidades y aunque las ordenanzas localizadas datan del final de la Época Moderna, del contenido de las mismas se infiere que su práctica data de siglos pretéritos.

La "exposición de motivos" del corpus ordenancístico incide en que debido al fallecimiento de varios "hermanos" que atendían los tres hornos de la villa, al irse enajenando a foráneos, ello ocasionaba un perjuicio a la colectividad, por ello, una vez encomendada la tasación de los hornos a varios peritos, se procedió a la compra de los mismos a sus dueños para que formaran parte como bienes propios del concejo.

Se acordó en el concejo que los hornos se gobernaran por las mismas ordenanzas y si alguna contingencia acababa con la existencia de los hornos, el concejo se comprometía a reedificarlos. Respecto a los utensilios de que debía disponer todo horno (palas, artesas y otras piezas menores), se encargó a los oficiales del regimiento efectuar un repartimiento entre los vecinos para surtir a los hornos de dichos útiles. Igualmente regulan las ordenanzas el pago de un canon por parte de cada vecino que adquiriera la vecindad en la villa y usare el horno  para "resarcir a la villa del coste que la atención a los dichos hornos y por el gozo y servicio de ellos haya el pago". Por otro lado, los vecinos que desearan beneficiarse de las regalías de los hornos, debían acordarlo con los alcaldes y oficiales del regimiento. Tras concretar las posturas de los vecinos en relación al uso, disfrute y custodia de los hornos, las ordenanzas establecen una serie de prohibiciones, reiteradas estas apenas cuarenta años después, en 1802, a través de acuerdo del concejo de 11 de febrero.

El ejercicio de prácticas comunales de carácter ganadero y agrario era una constante en varias localidades del antiguo alfoz de Pedroso como se confirma tras la lectura de numerosas actas del concejo de la villa de Fresneda de la Sierra, donde desgraciadamente no hemos localizado el legajo que contiene el compromiso de 1493, que aparece inventariado en el Catálogo General de la Diputación Provincial de Burgos y que vendría a corroborar la teoría de la práctica comunal. No obstante, el acta de dicho concejo de 1º de julio de 1869, recoge la práctica centenaria del reparto de las cargas de leña de los montes comuneros:

"Hízose presente por el señor alcalde que siendo susceptibles los montes radicantes en este término jurisdiccional de 4.000 cargas de leña de haya para el abasto anual del hogar doméstico de ciento veinte vecinos que comprende este distrito, dos mil de carbón de cepa de brezo para que los vecinos pobres y medianamente acomodados puedan emplearse y adquirir el sustento cuyos productos podrán obtenerse de leñas muertas y rodadas y de la cepa que hay en el cuartel S Sª del monte las Zarras enclavado en monte comunero de esta villa y pueblo de Pradilla, pastos de invierno para tres mil cabezas de ganado lanar, cuatrocientas de cabrío, treinta de caballar y ciento de vacuno, empezando en 1º de Diciembre y concluyendo en fin de febrero del año siguiente".

Continúa dicha acta concretando los términos jurisdiccionales correspondientes a los términos comunales así como épocas en que se podían explotar y usar, bien fuera para aprovechamientos de pastos de diversos tipos de ganados cerriles.

En otra acta del mismo concejo de fecha 6 de julio de 1879 se procedió a nombrar al alcalde del barrio de Pradilla así como a otros asuntos de importancia para la comunidad:

"atender a la defensa de las personas y de los intereses materiales a cuyo efecto creía prudente que sobre todo en la época del año en que nos encontramos, próxima a la recolección, debía vigilarse con todo exceso, cuanto pudiera contribuir a dañar las mieses, evitándose la introducción de toda clase de ganados o pacer en los campos sembrados, así como también a cuidar del exacto cumplimiento de las leyes vigentes de caza y pesca, persiguiendo sin tregua a los que so pretexto de una distracción siempre perjudicial, ejerciten estas artes por medios prohibidos, como con trampas, redes y materias venenosas y que para un cabal cumplimiento pensaba dirigir al vecindario un bando de buen gobierno".

la vida comunal de estas localidades del Valle de San Vicente era muy activa desde tiempo inmemorial, tal como demuestra el concierto de las villas de Santa Cruz, garganchón y Villagalijo para el reconocimiento de las mojoneras y comuneros de las citadas villas efectuado el 15 de diciembre de 1849, donde se mencionael monte comunal llamado Luzeas. respecto a otro acuerdo de concejo de fecha 8 de marzo de 1901, se reunieron los comisionados de Santa Cruz, Soto del valle, Garganchón y Villagalijo para el reparto de leñas del monte Luzeas tal como se hacía cientos de años antes. el reparto se efectuó según la relación de vecinos aportada por cada una de las villas:

"Tomó la palabra el señor Alcalde de Garganchón, don Eusebio Hernando y a nombre d ela comisión que representa, manifestó que está en todo conforme con lo manifestado por el señor Presidente, pues está convencido de que las leñas deben aprovecharse por los pueblos y con arreglo a sus respectibos vecinadrios, a cuyo fin hace presentación de la lista de sus vecinos".

Por su parte, el alcalde de Villagalijo, benito espinosa, propuso la conveniencia en virtud del aprovechamiento de leñas, de realizar dos lotes iguales: una parte para Santa Cruz del valle y Garganchón y la otra parte para Villagalijo, según se desprende de las concordias que cada uno de los pueblos debía tener desde tiempo inmemorial. A ello respondió el presidente de la reunión que no estaba de acuerdo con la solución aportada por el comisionado de Villagalijo, puesto que las concordias citadas no explicaban el modo ni la forma en que se denía verificar el aprovechamiento de leñas y, en consecuencia, procedía hacer el reparto individualmente. En esta situación, los comisionados de Santa Cruz del valle y Garganchón, acordaron verificar el aprovechamiento del vallejo de Luzeas por pueblos, con arreglo a lo dispuesto en la Real Orden de 1846 y el reparto de Villagalijo se efectuara dividiendo en dos partes iguales: una para santa cruz del valle y garganchón y otra para Villagalijo, con lo que se acordó proceder al reparto de las leñas para dicho año, ya que al final se aprobó la fórmula de reparto descrita, solución arbitrada que había resultado útil desde tiempo inmemorial.



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