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Fresneda se asienta a los pies de la Sierra de la Demanda y está regada por las aguas del Tirón.

Santa María del Otero

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Transcribimos a continuación el interesante capítulo escrito por el profesor e investigador comarcal Rufino Gómez Villar sobre este topónimo de la Sierra de la Demanda

"En las comarcas donde las montañas quedan con frecuencia veladas por las nubes no cuesta entender que los antepasados prehistóricos hayan situado, en las cumbres más elevadas, la morada de sus dioses. Lo más probable es que, incluso, alguno de los montes haya sido considerado como la encarnación misma de la divinidad o, al menos, de sus aspectos sobresalientes.

Así parece haber ocurrido con el monte de San Lorenzo, que con sus 2.262 metros despunta sobre la línea de cimas de La Demanda. Precisamente la sierra, los medievales montes Distercios, se conoció al menos hasta el siglo XI por el nombre antiguo de esta montaña: monte Dircetius. Apoyándose en la ráíz indoeuropea de este vocablo, derk-: "ver, mirar", se ha teorizado sobre la existencia de un posible culto a una divinidad celeste y luminosa, materializada en la montaña, en su cima habitualmente nevada.

Tal vez otros montes destacados en el cordal quebrado de la sierra -el San Millán, el Otero, el Otero del Cuervo- hayan sido tenidos también como sagrados, como espacios privilegiados para la realización de liturgias y ritos mágicos paganos. Es lo que parece deducirse de la posterior construcción de pequeñas ermitas en sus vértices, siguiendo la estrategia de cristianización consistente en levantar santuarios cristianos en aquellos solares donde se practicó, anteriormente, algún tipo de culto pagano. La apropiación cristiana de estos restos de paganismo fue durante mucho tiempo una simple sustitución nominal, por medio de la que un santo o cualquiera de las advocaciones de la Virgen adquirió la personalidad de la preexistente divinidad.

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De esta manera, el pequeño santuario construido en el cono de El Torruco, el monte de San Millán, continuó funcionando como emblema cristianizado de un desconocido dios indígena de las montañas. No podemos olvidar a este respecto que el santo Millán desempeñó la función de portaestandarte celeste de los ejércitos de Castilla, antes de que la responsabilidad recayera sobre Santiago Matamoros. Revisando el conjunto de sus apariciones épicas (el santo se muestra en la batalla tras un relámpago, montando un caballo blanco y portando una espada resplandeciente) puede conjeturarse que bajo el nombre del apostol se oculta un dios, personificación de la energía luminosa y brillante de la montaña nevada.

Después de varios siglos de fusión de creencias, las cumbres montañosas -las ermitas- de San Lorenzo y de San Millán se convirtieron en lugar de encuentro para la celebración de los ritos estacionales de los pueblos y aldeas de los valles de Ezcaray y del río Urbión. Por eso, para renovar y reafirmar los lazos con los santos protectores, las comitivas municipales de estos pueblos han seguido ascenciendo anualmente hasta estos picos.

Sobre todas las demás advocaciones destacó, por su número y profundidad, la de la Virgen María, a la que se veneró como protectora durante toda la Edad Media. La cercanía que mantenían las gentes con la tierra fue la causa de la permanencia de las festividades, incluso de las fechas y ceremonias incluidas en los antiguos ciclos litúrgicos dedicados a la Madre de innumerables nombres: la Naturaleza.

Desde mediados del siglo XIII sabemos de la dedicación a Santa María de las cimas de El Otero y del inmediato Otero del Cuervo (llamado Torocuervo por los habitantes de Fresneda y Valgañón). Lo leemos en el Libro de la Montería:

"La garganta de Frexneda es buen monte de oso, et de puerco en verano. Et son las vocerias, la una desde sancta Maria de Oter del Cuervo, la cumbre ayuso, fasta Collado Grande; et Colado Grande ayuso, fasta Roy Mendia. Et son las armadas, la una de yuso de Tres Aguas, et la otra al Colladiello de Urdantigui".

Más adelante el autor (el libro se atribuye al rey Alfonso Onceno) fija la estrategia para otra batida:

"La Garganta de Laguna Verde (Pozo Negro) es buen monte de oso, et de puerco en verano, et son las vocerias, la una desde Santa Maria del Otero fasta Gaenzabala; et la otra desde Gaenzabala fasta Oter de Velanchas. Et son las armadas a Tres Aguas".

En el vecindario de Fresneda se conserva netamente la tradición, afirmada por los fragmentos de tejas y otros pobres restos de materiales de edificación, de la existencia de otras ermitas en las alturas de Campos Blancos y en la Cabeza Eguilaz y dicen sus gentes que "entre ellas se comunicaban los ermitaños con señales de humo".

Uno de estos picos, el de El Otero (2.000 metros), eleva su perfecta silueta cónica sobre las aguas del Pozo Negro y los hayedos espesos que sombrean el río que allí se alimenta. La ermita que se construyó en su cima, a pesar de su extrema pobreza arquitectónica, reunía los tres elementos determinantes de la geografía y el espacio sagrado: la montaña, el agua insondable de un pozo y el bosque primigenio. En estos lugares destacados de la naturaleza, donde siempre habitó la Madre, se intuye que María sirvió como vehículo para asegurar la subsistencia de la diosa pagana.

Sólo bajo otro aspecto".



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