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Peña Salinas

Lugares de Interés

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Transcribimos el texto del investigador comarcal Rufino Gómez Villar, sobre este interesante lugar de la jurisdicción de Valmala

La prominente roca de Peña Salinas ocupa un lugar destacado en el paisaje de La Demanda. La peña emerge a unos centenares de metros de Valmala, en un entorno de gran belleza, al que el abandono de los campos de labor ha dado un tono inhóspito y melancólico. El paraje, colonizado por matas de roble y encina y algunos acebos, exhala el olor característico de los lugares solitarios, en los que la naturaleza muestra su poder inefable. Para explicar esta sensación la tradición popular ha convertido la gran columna de piedra en escenario de suicidios y otras muertes violentas.

"En otros tiempos se descubria en el termino desta villa un pozo, cuya agua servia para fabricar sal, luego se cerro y ahora lo esta por orden superior, en que intervino el señor Don Felix Sanchez de Valencia, administrador de rentas provinciales y generales, con cuyo motivo ceso el consumo de vinos y otras cosas en esta villa, constituyendose en peor estado que el que se hallaba".

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La nota anterior forma parte de la declaración de los jurados nombrados por el lugar de Valmala con el fin de dar cumplimiento a la averiguación catastral del Marqués de la Ensenada. Corría el año 1752 cuando los componentes del ayuntamiento certificaban, ante el delegado real para el proyecto de la Única Contribución, el cese reciente (año 1714) de la entonces única explotación minera del subsuelo comarcano: el pozo de sal de Peña Salinas.

El cierre de las salinas -hasta 1869 un monopolio real que afectó en todo el reino a su explotación y venta- repercutió muy negativamente en la población. El lugar vio como quince de sus cuarenta y cuatro casas dejaron de contribuir, como vecinales, a los gastos comunales. Inmediatamente, ante la ausencia de los arrieros que antaño porteaban la sal, el beneficio que se obtenía de la taberna comunal se mostró insuficiente para cubrir el pago concejil de los tributos reales; asimismo el mesón y la panadería dejaron de ser rentables.

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La sal era un producto estancado que se compraba al por mayor por las autoridades concejiles y se almacenaba en depósitos municipales, los alfolíes, hasta su distribución y venta entre la población. Desgraciadamente no sabemos nada sobre el área geográfica donde se consumía la sal del pozo serrano, aunque es lícito suponer que la producción se distribuiría entre los lugares inmediatos del Valle de San Vicente y de la jurisdicción de Villafranca. Los escasos datos que conocemos sobre este asunto corresponden a la última época de la Edad Moderna y nos informan de que varios pueblos comarcanos se abastecían en las famosas salinas de Poza, o en las alavesas de Salinas de Añana. Lo encontramos en los legajos del siglo XVIII, vgr entre los cargos de los libros de cuentas del ayuntamiento de Castildelgado: "66 reales y 12 maravedis por dos fanegas de sal de acopio que antizipo la villa". Unos años antes, en este mismo lugar de la Riojilla, se había optado por buscar el aprovisionamiento en las eras de salinas de Añana ya que:

"en Concejo general se acordo el que respecto a ver tenido quexas para el encabezo de la sal en Poza no se les de uso a causa de que tenemos dada palabra los de Añana donde nos tienen mas quenta y respecto ser nezesario pasar a escritura se determino el que fueran dos personas a esta dilixencia en nombre de todo el concejo".

No se han conservado restos que permitan recrear con exactitud la técnica utilizada para extraer la sal de Peña Salinas. A pesar de ello, con vistas a buscar la disolución del mineral, puede suponerse que al pozo se conducían las aguas de alguna fuente cercana; posteriormente, una vez formada la salmuera, la acción combinada del sol y del viento conseguían por evaporación separar la sal en los fondos poco profundos de las eras.

La cita más antigua conocida, datada en la segunda mitad del siglo X, sitúa las salinas en el llamado Campo de Granadera. En esos años el empuje cristiano conformaba ya en estos territorios una incipiente sociedad organizada, dotada de instituciones políticas propias y de los necesarios mecanismos económicos para su germinación. La citada mención documental de las salinas corresponde a la cancillería del conde de Castilla García Fernández. En la carta el notable ordenó desgajar del patrimonio condal el pozo para donarlo al cercano monasterio de San Pedro de Cardeña. En el otorgamiento incluyó también la obligación que adquirían sus vasallos del territorio de Oca de trabajar gratuitamente en el ingenio durante algunas jornadas del año.

El topónimo Granadera, vigente en la actualidad, alude probablemente al aflujo de inmigrantes mozárabes, granadinos en este caso. La mayoría de estas comunidades encontraron acomodo en nuestra comarca en tiempos de Alfonso III y a ellas podría atribuirse el mérito de haber puesto en funcionamiento las salinas, lo que no es obstáculo para que la primera explotación se remonte allende estos años, tal vez hasta la época visigótica.

A lo largo del reinado de Alfonso VII (1126-1157) la titularidad y el rendimiento de la mayoría de las salinas de Castilla y de León quedaron en manos del rey. No fue este el caso de la Peña Salinas que siguió formando parte del patrimonio monasterial hasta el reinado de Felipe II, época en la que, por orden real, fue expropiada a los de Cárdena.

En lo que se refiere, otra vez, a la pequeña historia del pozo de Valmala es preciso prestar atención a la donación (1127) que hizo el monarca castellano Alfonso VII de una iglesia -San Andrés de Ezpea o Aizpea, en vascuence "pie de la peña"- situada entre Valmala y Granadera. La individualización que este texto hace de Granadera, ubicándola en las cercanías y frente a Valmala, desvela la probable existencia de un poblado habitado por los súbditos encargados de la extracción de la sal, a la vez que insinúa una funcionalidad añadida para la iglesia, algo así como la que corresponde a un puesto de control del tráfico de tan importante mercancía.

Los restos arqueológicos de la pequeña iglesia y de un cementerio asociado a la cella, se ven todavía al lado de la senda de los trajinantes que llevaba a Oca y a Burgos.



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