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Castrovido es una de las localidades con un pasado más genuino en la cuenca del Arlanza

El Castillo de Castrovido

Arqueología

FOTOEl Castillo iluminado con motivo de la Fiestas del Carmen (mes de julio)

El Castillo iluminado con motivo de la Fiestas del Carmen (mes de julio)

Ya desde la más remota antigüedad, al parecer, estuvo fortificado este cerro (1.081 metros de altitud). En época romana debió ser un puesto de defensa y vigilancia de la calzada que discurría a sus pies: Clunia-Tritium Magallum (actual Tricio, en la Rioja).

La atalaya del Arlanza

FOTOPlan de recuperación (maqueta)

Plan de recuperación (maqueta)

FRONTERA CON EL ISLAM Siglos más tarde, con el avance de la Reconquista cristiana sobre los musulmanes, se fueron adelantando las fronteras hacia el Sur. Es a finales del siglo IX cuando el Rey Alfonso III el Magno (866-910) amplía el avance, la conquista y la repoblación de la cuenca del Arlanza; para ello necesitaba formar una línea defensiva de castillos que impidieran las incursiones musulmanas, como pudieron ser los de Castrovido, Hacinas, Castrillo de la Reina, Carazo... El topónimo “Castrovido” aparece por primera vez documentado en el Fuero de Salas (año 974), teniendo el significado de Castro de Vito o Víctor, compañero de Gonzalo Gustios, el repoblador de Salas de los Infantes. Son escasas las referencias que de él se hacen; aparece en un diploma del Rey Alfonso VI de 1094, el de la Jura de Santa Gadea, y en posterior documentación del reinado de Alfonso VIII en 1170. Almanzor con sus huestes consiguió forzar el paso de Castrovido en la terrible aceifa del año 1002, llegando a destruir Canales, San Millán de la Cogolla y otros lugares. Pero ya de vuelta de su campaña riojana, Almanzor sufrirá su primer descalabro serio en Castrovido, cuya infantería no pudo domeñar la resistencia de los arqueros de este cerro fortificado. Con la muerte del temible caudillo musulmán llega la paz a la comarca, renace la vida campesina en el valle del Arlanza y vuelve a aparecer mencionado Castrovido en una donación de la noble Juliana Fortúnez al monasterio de San Millán de la Cogolla, fechada el 28 de febrero de 1094: “Insuper dono in Salas meo palatio cum pratu e pertenentia ad integritatem, sicut pater meus dedit michi totum. El in Castravid do totam hereditatem et domos quantum ad me pertinet ad integritatem”. (Serrano, Luciano. Cartulario de San Millán de la Cogolla, pp. 283-285.) En el año 1156 nuevamente figura relacionado Castrovido en una donación de un tal Sancho Ruiz al monasterio de San Pedro de Arlanza. Siglos después en el libro Becerro de las Behetrías (año 1351), se anota al respecto: “Castro Vido. Este logar es de donna Sancha, muger que fue de Diego López de Haro, e de Iohan Díaz de Rotaful (sic). Pagan al rey monedas e servicios. Dan cada anno a los sennores por infurçión el que es casado e tiene una yunta de bueyes cada vno seys maravedis e el que tiene vn buey tres maravedis e el que non tiene buey vna gallina”. Será en los siglos XIV y XV, a consecuencia de las contiendas civiles y del afianzamiento de una poderosa nobleza nueva, cuando van a volver a recobrar su protagonismo los viejos castillos y torres altomedievales. El 30 de enero de 1380 Pedro Fernández de Velasco, hijo de Dª Mayor de Castañeda, funda mayorazgo para su hijo Juan Fernández de Velasco sobre la casa de Salas, figurando, entre los diversos lugares que lo integran, “Castrovido con su casa, con todo lo que a ella pertenece”. Va a ser ahora cuando los Velasco, señores de la villa y tierra de Salas, llevan a cabo la reconstrucción del castillo, tal cual ha llegado hasta nuestros días. Una nueva fundación de mayorazgo tiene lugar el 14 de abril de 1458 otorgada por Pedro Fernández de Velasco, primer conde de Haro e hijo de Juan Fernández de Velasco, a favor de su hijo Pedro Fernández de Velasco, futuro condestable de Castilla: “... E asimismo le hago Mayorazgo de la mi Casa de Salas de la Hoz (Alfoz) de Lara, con todo lo que yo en ella labré, e con los derechos de ella pertenecien-tes, e las mis peñas, e fortaleza de Carazo, con todo lo que les pertenece en la mi Casa Fuerte de Castrovido...”. A esta nueva reanimación del castillo que, indudablemente contaría con un cuerpo de guardia, sucede desde finales del siglo XVI una nueva etapa crítica que va afectar a todos los castillos y torres defensivas, motivada por la consolidación del poder real y las modernas técnicas de guerra con el uso de la artillería, unido al traslado de la capital a Madrid y al inicio de la vida cortesana. El siglo XVII acentuó la falta de utilidad de nuestro castillo, de tal forma que cuando en 1796 D. Tomás López elabore su diccionario geográfico apuntará refiriéndose a Castrovido: “Pueblo de la anterior jurisdicción (Salas) de 30 vecinos y una parroquia cuyo titular es San Martín. En su inmediación septentrional persevera un castillo desmantelado”. Y llegamos al convulso siglo XIX, envuelto en guerras, contra los franceses primero y civiles más tarde, que van a contribuir aún más si cabe al expolio y destrucción de nuestro castillo, muchas de cuyas piedras van a utilizarse para las construcciones campesinas del pueblo. Ya Pascual Madoz, en su diccionario geográfico, anotaba en 1845 refiriéndose a Castrovido: “... Y un castillo árabe en muy mal estado”. Estado de conservación que va empeorando hasta llegar a temer en nuestros días por su supervivencia.

ESTRUCTURA DEL CASTILLO Pasando a describir la estructura del castillo, observamos cómo la construcción consiste en un torreón cuadrangular asentado sobre un afloramiento rocoso de areniscas, cuyo espacio interno mide 10'95 por 8'45, alcanzando los muros casi dos metros de grosor en la base, en paulatina disminución conforme ganan altura. Estaba dotado de sótano, tres plantas y la terraza del adarve bordeada de almenas. Las ventanas eran muy escasas, tal vez una en cada lienzo, perdurando un solo ventanal completo, con arco mixtilíneo, en la fachada sur y restos de arranque de otros. La puerta se situaba a unos tres metros de altura, colocada al Este; se accedía a ella por medio de una rampa de madera que en caso de ataque se retiraba al interior del castillo. Excepto en las esquinas y en el encuadre de los vanos, que son de sillarejo, el paramento de los muros es de mampostería, con relleno interior de argamasa de piedra, tierra y cal. Parece ser que este relleno es muy terroso, al tener una alta proporción de arena y por lo tanto baja de cal, lo que le da una calidad mediocre. Se aprecian distintas etapas constructivas conforme varía la calidad de los materiales, a medida que ganan altura los lienzos de la torre, la cual estuvo rodeada por una cerca en forma de barco, adaptándose a la cima del cerro, de la que aún perdura la cimentación. Y ahora, una vez que conocemos un poco más la historia del viejo castillo de Castrovido, seguro que ha aumentado nuestro afecto y nuestro pena por él. Afecto, porque su silueta nos ha acompañado a través de las vicisitudes de nuestra historia, cumpliendo su función protectora contra invasores y peligros; y pena, porque ha sido víctima, una vez más, de la falta de utilidad práctica, gravísimo pecado de consecuencias nefastas en nuestros tiempos modernos.  Andrés Contreras (Casrovido, nuestros antepasados. ed. 2002)

Enlace web http://www.iespana.es/castillocastrovido



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